Estefanía Rodríguez

Logopeda Infantil especializada en Terapia Miofuncional y Orofacial

Estefanía Rodríguez

Hacía poco tiempo que había empezado mis andanzas como logopeda cuando conocí a una pequeña que me marcaría para siempre. Aún ahora me acuerdo de esa sonrisa rebelde que me encontraba en la sala de espera cuando salía a buscarla. Desde el principio me ha preocupado mucho que los niños puedan comunicarse con su entorno de forma funcional y ese era mi objetivo principal, que aquellos ojos tan inquietos pudiesen decirle al mundo todo lo que quisiera. Porque tenía mucho que decir, y eso el tiempo nos lo ha demostrado.

La comunicación es básica para nuestro desarrollo como personas. Gracias a ella entendemos el mundo que nos rodea y podemos decir aquello que queremos, que necesitamos. Pero la comunicación es mucho más de lo que nos imaginamos. Para poder abordar este aspecto tan complejo es importante una intervención desde todas sus vertientes: motora, cognitiva y social.

La vertiente motora, en el caso del habla, se relaciona con la capacidad de los diferentes órganos y estructuras faciales para articular los sonidos del habla. Muy relacionado con este desarrollo motor, y sobre todo en los niños más pequeños, se encuentra la alimentación ya que muchos de los órganos, estructuras, musculatura, etc. que necesitan para succionar los bebés, recoger el alimento de la cuchara o beber del vaso según van creciendo o masticar, son los mismos que usamos para hablar. Estas estructuras también son utilizadas para acompañar la comunicación de unos gestos o mímica facial que nos ayudan a comprender el significado de las emisiones. Y esto también requiere de un aprendizaje, tanto para poder usarlo de forma eficaz como para poder identificarlo en el resto de personas.

Por otro lado, la vertiente cognitiva, nos permite conocer las palabras que designan los objetos, acciones, sentimientos, etc. que nos rodean, unir estas palabras para formar una frase con la que conseguir aquello que deseamos y estructurar nuestro discurso para que tenga coherencia y así poder contar lo que nos ocurre.

Y por último y no menos importante, tenemos la vertiente social, porque la comunicación es una actividad social pues la necesitamos para poder relacionarnos con los demás. Este último aspecto es muy importante para desarrollar la intención comunicativa, entender que emitiendo un sonido o un gesto vamos a conseguir algo de nuestro entorno. Pero también para poder adaptar nuestras emisiones a las diferentes situaciones y personas con las que nos encontremos.

Pero… qué es lo que pasa cuando el lenguaje oral no se desarrolla de forma completa o funcional, ¿esa persona no puede comunicarse con el resto? Por supuesto que sí. Existen multitud de alternativas que van a facilitar la comunicación del niño con su entorno, ya sea por medio de imágenes que representen la realidad, de símbolos o de gestos que el niño puede usar como sustituto o como facilitador del lenguaje oral.

Por ello estoy tan convencida de la importancia de una intervención temprana y adecuada que facilite la transición de una etapa a otra, buscando la mayor autonomía del niño, y que tenga la máxima repercusión en su futuro desarrollo, buscando siempre un abordaje global de sus necesidades y la de su familia. Porque si no, todos los que hemos estado alrededor de esta pequeña no hubiésemos podido descubrir a esa maravillosa persona que estaba escondida sin poder comunicarse.

Estefanía Rodríguez Sanz